El mar es uno de los motivos más agradecidos y, al mismo tiempo, uno de los más difíciles. Una ola crece, se levanta, rompe y se deshace en cuestión de segundos, y la espuma dibuja formas que nunca se repiten. Si intentas captar ese instante con una sola foto, casi siempre llegas tarde o demasiado pronto. La solución consiste en no elegir el momento con el dedo, sino sacar una serie y quedarte después con la mejor.
Casi todos los móviles tienen un modo de ráfaga. Para usarlo, suele bastar con mantener pulsado el botón del disparador mientras la ola se acerca y rompe. El móvil hace muchas fotos seguidas, y al revisarlas descubres que en una la ola tiene una cresta perfecta, en otra el agua salta en gotas sueltas y en otra se ve la luz atravesando la espuma. Después solo hay que ir pasando las imágenes con calma y conservar las mejores.
Firmeza, luz y seguridad
Agarra el móvil con las dos manos y apoya los codos en el cuerpo, porque el mar exige rapidez y la mano no debe temblar. Toca la pantalla en el punto donde crees que va a romper la ola para que el enfoque no tenga que buscar. La luz que viene desde un lado, por la mañana o al final de la tarde, hace que el agua parezca transparente y que las gotas brillen como pequeños cristales.
La seguridad va primero. No te acerques demasiado al borde del agua ni a las rocas mojadas, y no le des nunca la espalda al mar. Una ola más fuerte de lo esperado puede empapar el móvil y también a ti, y algunas rocas resbalan mucho. Busca un sitio firme y seco, como un paseo marítimo, una escalera o una zona alta desde la que la vista sea buena.
Piensa también en el objetivo. La sal y las gotas dejan manchas que estropean la imagen, así que limpia la lente con un paño suave y limpio entre serie y serie. Cuando llegues a casa, seca bien el móvil. Si te gusta el resultado, prueba también el vídeo en cámara lenta, que muestra la caída de las gotas de una manera preciosa.